¿Quién soy desde que soy madre? sobre el autocuidado, el autodescubrimiento y 1000 preguntas para mí misma

No recuerdo exactamente cuándo me hice esta pregunta por primera vez pero fue estando ya en Alemania, supongo que en un momento de bajón la pregunta vino a mi mente. Y no se ha ido desde entonces. Quizá porque aún no he encontrado la respuesta.

¿Quién es Jennifer además de mamá?

Tal vez no existe una respuesta a la pregunta. Tal vez nunca averigüemos quiénes somos en realidad. ¿Quizás simplemente siempre estamos en un estado de cambio, adaptándonos a circunstancias externas?

Pero sea verdad o no, quiero ir a buscarme a mí misma. Quiero saber quién es Jennifer hoy, qué representa, qué ama, a quién ama y qué la hace feliz. Por qué motivos las lágrimas de felicidad corren por sus mejillas y lo que la hace sentir triste y preocupada. Con qué música le gusta bailar, su comida favorita y cómo puede relajarse.

El viaje hacia mí misma. ¿demasiado personal?

Sé que es un tema muy personal, quizá demasiado personal, demasiado privado. Porqué siempre tienes que tener esto en mente: con todo lo que compartes sobre ti mismo en Internet, te haces vulnerable. Pero creo que este tema es algo que también afecta a otras mamás, porqué es increíblemente difícil para las mujeres cumplir con todos los papeles que la sociedad actual espera que cumplamos.

Algunos de estos papeles son son muy individuales, pero a menudo hay tantos que tienes la sensación de que no estás a la altura de ellos. Sin embargo, si eres madre, este es probablemente el rol más importante, el que te lleva más tiempo y el único del que no te puedes desprender.

Y en algún momento, me vino a la mente este pensamiento:  ¿Quién serías si no fueses madre?

Incluso si volviese a ser madre, tendría que enfrentarme a nuevos desafíos en este papel, pero me gustaría intentar reencontrarme de nuevo.

El autocuidado, ese es mi gran tema pendiente desde que en verano me di cuenta que estoy en medio de un cansancio permanente. Por supuesto, primero siempre están las necesidades de mis hijos, pero de ahora en adelante también tendré más en cuenta lo que necesitamos mi marido y yo. Sí, de lo que YO necesito.

Yo, yo y yo… eso suena un poco egoísta, pero en mis 11 años como madre he aprendido que no puedes darte por vencida y descuidarte. Es el momento, necesito saber quién soy para ser el referente que quiero para mis hijos. Quiero que aprendan lo importante que es el autocuidado. Sigue leyendo

El instinto (olvidado) de mamá: Encuentra la india que hay en ti

Estoy sentada en la sala de espera hojeando una revista familiar y los titulares me llaman la atención: “Cómo enseñar a tu hijo a dormir”, “Cómo evitar que tu hijo sea un tirano”, “Qué palabras debe saber tu hijo de 2 años”.

Leo en un foro de mamás: “Dejar que un niño se levante de la mesa es equivalente a una educación antiautoritaria”, “Yo compré un detector para controlar la respiración del bebé”, Y me pregunto: ¿De verdad tengo que comprar una detector para la respiración?.

Pienso en los expertos de la televisión que quieren explicarme algo sobre la educación correcta: “Así es como debes gestionar las rabietas”, “Así es como tu hijo duerme sano y seguro”.

Todos en el mundo parece saber más de mí y de mis hijos que yo misma.

Mi antiguo yo, digamos el de hace 10 años, estaba exactamente en esta espiral agotadora: “¿Lo estoy haciendo bien?” Constantemente pensaba en cómo podría ser mejor y de qué manera lo tenía que hacer para que, cuando mi hijo crezca, se convierta en una persona segura de sí misma, honrada, curiosa y abierta.

Admito que al principio, cuando nació el mayor, sentí una sobrecarga. Una sobrecarga basada en mi repentino “poder sobre un niño” y la inseguridad y responsabilidad que venía con él. ¿Y qué hace una mamá cuando está insegura? Bueno, entonces busqué en Google, leí guías y revistas, vi programas, pregunté, etc. Pero lo que rara vez hacía era confiar en mis propios sentimientos y saber instintivamente cuál sería la decisión correcta para mi hijo y para mí.

Una cosa estaba clara: esta presión hecha por mí misma y la continua inseguridad de preguntarme qué hacer y cómo educar adecuadamente, no podía ser buena ni para mí ni para mi hijo. Luego llegó este punto de inflexión, que me despertó y me hizo recapacitar y que probablemente me dio el empujón para replantearme. Sigue leyendo