Gastrointeritis

¡Malditos bichos! Si, si, malditos bichos, bacterias o lo que sean!

dolor-de-estómago-en-niños-720x340Lunes, a eso de las seis de la tarde, El Segundo empezó a quejarse de dolor de barriga, al poco rato dolor de cabeza. Cenó poquito y quiso ir a dormir pronto. Mmmm… le pongo el termómetro y unas décimas.

Se duerme un ratito, se despierta y pide agua. Después zas! la vomita. Se vuelve a dormir, a las onze le pongo el termómetro y 38,8º. Le doy Apiretal intentando no desvelarlo y sigue durmiendo toda la noche.

El martes se despierta peor, con fiebre y vómitos. Le doy una cucharadita de agua con ultra-levura (para cortar los vómitos/diarreas) y 5, 4, 3, 2, 1… vomitona!

Se pasa el dia en la cama, tomando sorbitos de suero oral pero no aguantan más de 5 minutos en su estómago. Va dando cabezaditas.

Sobre las cuatro se despierta y me pide un “formatget” (caserío), se lo come y vuelve a dormir.

A las siete y algo se despierta y devuelve el quesito, se queja que le duele mucho. Decidimos llevarlo al médico que nos manda para casa pero nos felicita por el método: suero oral a sorbitos, ultra-levura y nada de Dalsy que irrita el estómago (si acaso, Apiretal).

El miércoles desaparecen los vómitos (bien!) pero nos visita la diarrea 🙁

Pasa el día como puede, entre viajes al baño y retortijones en la cama. Casi ni habla. Solo se queja de que le duele mucho la barriga. Cada vez los quejidos van a más… Sobre las 3 de la mañana se despierta, quiere ir al baño pero le duele mucho la tripa. Decidimos ir a urgencias, pero mientras nos vestimos se queda dormidito.

Así, que nos volvemos a la cama. A penas dormimos porqué se queja (durmiendo) y solo se calma con masajes en la barriga.

El jueves por la mañana amanece igual, así que nos vamos al hospital (la pediatra el lunes nos dijo que si seguía igual o iba a peor fuéramos directos al hospital).

Llegamos a las 10, en la cola de admisiones, solo 5 personas delante. El niño en la sillita quejándose. La del mostrador en la parra, pasan 20 minutos hasta que nos toca el turno (menos mal que no íbamos de parto o el bebé nace en el pasillo). A todos les pregunta que les pasa, a nosotros no, coge la tarjeta, teclea y nos manda a la sala de enfermería.

En la sala de enfermería estamos los mismos 5 que iban delante nuestro, nosotros y las dos que venían detrás (a la del mostrador parece que le ha hecho efecto el café y ha puesto el turbo).

Otros diez minutos esperando, por fin nos llaman. Entramos, le explicamos el panorama, le miran la fiebre y tiene décimas (no había tenido fiebre desde el martes).

Bueno, segundo filtro superado. Ahora a la sala de espera de pediatría donde habían solo unos papás con un bebé. Bien! no hay nadie, esto será rápido! (ilusa de mi)

Llaman al bebé, al rato vuelven porqué tienen que volver a esperar. El Segundo, del cansancio se duerme media horita. Se despierta nuevamente con quejas.

Yo me impaciento y me asomo al pasillo, pasa el pediatra (viejete) bromeando con dos jovencitas con pintas de estar de prácticas. Vuelven a pasar para el otro lado. ¿Se han olvidado de nosotros? ¿La del mostrador no nos ha entrado en el ordenador? A no, que a El Segundo le han puesto una pulsera en el pie en enfermería (no la había visto hasta ahora).

Han pasado una hora y tres cuartos. Al bebé en este rato se lo han llevado a hacer análisis y lo han devuelto a sus papis.

Me canso y me voy al mostrador donde hacen los informes de urgencias y enfadada pregunto por el pediatra! Una chica muy maja va a buscarlo y vuelve a decirme que viene enseguida.

Bien, por fin, al cabo de 20 minutos viene el sonriente pediatra con las jovencitas (confirmado, son de prácticas). Vamos a la consulta y con una chulería me pregunta que le pasa, pero no me deja explicarle, me interrumpe todo el rato. Me contengo no soltarle una fresca…

– El niño tiene gastrointeritis, dice.

– ¿si, no me digas? Le digo que me deje explicarle desde el principio y le suelto el rollo de corrido no vaya a ser que me interrumpa de nuevo.

Cuando por fin se entera de que la pediatra me dijo el lunes que si continuaba fuésemos al hospital directos para que le pusieran suero, parece que me escucha más.

– Mmmm… vamos a pesarlo, dice.

– No hace falta, pesa 13,800kg y el domingo pesaba casi 16kg (si me hubiese escuchado antes, sabría que lo he pesado esta mañana y había bajado casi 3kg)

– ¿Lo habéis pesado en la misma báscula del domingo?

– No, tengo una distinta para cada día de la semana, no te jo… (la respuesta de verdad fue un si con suspiro de que me estas tocando lo que no suena)

Bueno, lo pesa y confirma lo que le he dicho yo (las de practicas se ríen tras de él).

– Ui! esto no puede ser, este niño se va a deshidratar!

Bravo! ¿has aprobado el examen solito o has hecho trampa?

Nos mandan de nuevo a la sala de espera y “ahora” vendrá la enfermera para hacerle una analítica y ponerle suero intravenoso.

Otros no se cuantos minutos más y vienen a por él. Lo acompaña Papi y se porta fenomenal. Ni una lágrima (no como El Mayor que nos montó un espectáculo la última vez).

Al ratito vienen a buscarme a mi para estar los 3 en el box (un detallazo porqué la última vez solo nos dejaron ir a uno).

Felicito a la enfermera que lo atendió, muy simpática y dulce con los niños.

Parece que el suero hace efecto, El Segundo se despeja y nos suelta. “Papi, como me he portado muy bien, ¿me comprarás un juego para la wii?” Y papi, con cara de ups! no le queda otra que decirle que sí, porqué el lunes le compró uno a El Mayor por dejarse arrancar un diente (toma Ratoncito Perez!).

Bueno, a la hora se acaba el suero, vuelve la enfermera a quitarle el tubito y al rato el doctor:

– Bueno, lo dicho, que es gastrointeritis… (acompañado de una cara como pensativa) y sale corriendo mientras dice: ui! voy a ver los análisis!

Papi y yo nos miramos y confirmamos que le han dado el titulo en la tómbola.

A los diez minutos vuelve con los análisis y le da Dalsy porqué tiene la sangre ácida. Nos da el alta con la misma recomendación que la pediatra.

Bueno, después de casi 3 horas, nos vamos satisfechos porqué con el suero El Segundo está mejor. Sigue quejándose, pero está más espabilado. Eso sí, la sanidad pública deja mucho que desear.

Pasa la tarde mejor, más espabilado, damos menos viajes al baño. Como un poquito y bebe mucho agua. Por la noche se queja un poquito.

Hoy se ha despertado pidiendo Colacao ¡Sí! ¡El Segundo ya es el mismo!

A lo que El Mayor que estaba en el salón jugando, viene corriendo y gritando: Mami! que me duele la pancha y se me escapa la caca!

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